Autor: Juan Manuel Cubilla Podestá.     Categoria: Opiniones

De la remuneración de los representantes y de sus efectos

De la remuneración de los representantes y de sus efectos

10-Ene-2008 - Otro de los puntos de suma importancia, que por tal no puede dejarse de tener en cuenta, es el de la remuneración de los diputados que ejercen la tarea de representar al pueblo.
Desde la recuperación de la democracia en Argentina, no ha existido más que una sobre-valoración de estas funciones, pecuniariamente hablando. Tenemos representantes que lejos de preocuparse de los intereses y problemas del pueblo, se la pasan exaltando su valor personal como diputados en nuestra sociedad.

Estas ideas son fáciles de advertir en nuestro tiempos, y quien me diga que no lo ha notado, en los nada graduales e inoportunos aumentos salariales que los mismísimos representantes se otorgan a si mismos, hasta la sarta de funestos fundamentos que a muchísimos de nosotros nos irritan y llevan al borde de la intolerancia, como resulta el del salario elevado para evitar corrupción, solo miente o se deja engañar en el mejor de los casos.

Existe una realidad que nadie puede desconocer, nos encontramos en una era caracterizada por las necesidades del hombre y por la gran escasez de recursos para saciar estas. Debe agregarse además, que así como carentes, los pocos recursos existentes se encuentran en muy pocas manos, es decir, existe una pésima distribución de la riqueza.

En esta situación o contexto un grupo de servidores públicos, cuyos salarios exceden casi satíricamente los de los trabajadores normales, se da el lujo de aumentarse así mismos aun mas sus remuneraciones. Siendo irónico que el origen de los fondos que sustentan sus ambiciones, sean de los recolectados del seno mismo de la sociedad que representan y de la cual se alejan cada día más en calidad de vida y status social.

Es aquí donde surgen, sin duda, los más importantes vicios de la democracia representativa, estos representantes se encuentran no solo en una situación o realidad totalmente distinta a la mayor parte de sus representados, sino que carecen directamente de coincidencia de intereses con ellos.

Me llama poderosamente la atención un hecho ocurrido en mi ciudad que traeré a colación. Durante el transcurso de los años 2006 y 2007, un órgano de representantes a nivel municipal, aprobó el aumento de tarifas de colectivos y demás servicios de transporte publico de esta ciudad y transcurrido un pequeño lapso de tiempo que se podría contar solo en meses, intentó utilizando todas sus facultades, y hasta algunos dirían excediendo el marco de las mismas, impedir un aumento tarifario en los expendios de combustible.

Que lamentable actuación, la de estos servidores públicos, y que mejor ejemplo de lo que trato de explicar. Han permitido que se alcen los costos de transporte para la mayor parte de la sociedad, irónicamente la más humilde y necesitada, pero han generado un gran alboroto, cuando se intento incrementar los gastos para quienes, a diferencia de la generalidad poblacional, tiene un medio de transporte propio, obviamente fruto de su status social y económico superior.

Con esto no quiero entrar en el debate de lo bondadoso o perjudicial de cada una de estas medidas, sino solo dejar un claro ejemplo, de que los representantes, no solo se encuentran limitados en su representatividad por su escasa relación en numero y cantidad (como antes lo habíamos explicado) sino que también reducen, ellos mismos, el numero de ciudadanos representados, puesto que ya no comparten siquiera los mismos intereses o necesidades.

Este problema no termina ahí, puesto que también seria absurdo el culpar solo a nuestros diputados de esta anomalía, ya que, como todo miembro de esta sociedad, esta influenciado o actúa conforme nuestra realidad, la cual no es otra que una cruenta lucha interna por lograr a cualquier costo la sustentabilidad no solo económica sino también social.

Fruto, más que del liberalismo, de la mismísima liberalidad que ha generado, o mejor dicho, degenerado una situación de ardua competencia individual entre los factores sociales, ya no solo por el poder o control de la sociedad sino por la subsistencia misma.

En este conflicto casi bélico se ha dejado de lado las grandes virtudes humanas como la solidaridad y cohesión social, para terminar acercándonos mas que nunca al mismísimo estado de naturaleza primitivo, que como consecuencia de la sociabilidad creíamos extinto, es  sin dudas, la ley del mas fuerte la que reina en nuestros tiempos.

Pero para no adentrarnos en un tema propio de los sociólogos, del cual me creo totalmente ignorante al igual que de otras ramas del saber humano, volvamos a nuestro enfoque principal, cual es las remuneraciones de los representantes del pueblo.

Sin mucha sapiencia, de mis líneas se entiende ya, que no creo mejor solución a esta falta representación de nuestros diputados, que la reducción de sus salarios o remuneraciones. Se que con semejante sentencia, me acarreare simpatías ricas en cantidad pero muy poderosas antipatías, propias de quienes se encuentran privilegiados por esta realidad y se verían enormemente perjudicados de realizarse el proyecto incoado.

Antes de que se me tache de izquierdoso, comunista o de cualquier otro tipo de calificación con las que las elites predominantes han discriminado a quienes pensaban distinto, claro fruto de la ignorancia, el temor, el peligro de diseminación de esta clase de ideas y de la intolerancia, permítaseme explicar lo ventajoso de estas medidas.

La reducción del salario de los diputados, que no debe ser arbitraria, sino solamente al punto de equipararlos con las clases sociales medias, es decir, con el común del pueblo, tienen efectos rotundamente positivos.

El primero de ellos es obviamente que, si bien no habrá reducción en los gastos del estado, puesto que también priorizo el aumento en cantidad de los mencionados representantes, permitirá que los mismos tengan una clara inserción en la sociedad. Esta inserción no es otra cosa que la generación de intereses y necesidades comunes con sus representados, es decir, sabrán lo que el común del pueblo vive diariamente, y no se encerraran en la burbuja de lujos perfectamente sellada e impermeable que otorga el dinero a los pudientes.

Asimismo el cargo publico de representante, dejará de ser visto como un objetivo de realización o salvación económica, ya que las ambiciones propias del ser humano se guiaran tal vez hacia el sector privado donde tendrán mayor provecho.

Ahora bien, muchos me señalaran a manera de crítica, que un diputado con menor sueldo es mucho mas fácil, o mejor dicho, barato de influenciar, mas aun al existir grupos o elites económicamente tan poderosas como en la actualidad.

Es por esto que entiendo indispensable, como ya lo he dicho, la simultaneidad de la realización de las medidas propuestas en esta obra. Toda vez que si bien un representante, con menor sueldo, individualmente sería fácil de influenciar (si se juega con sus necesidades, aspiraciones o ambiciones), también es cierto que al existir mayor numero de ellos es clara y creciente la dificultad de hacerlo en relación al cuerpo en general.

Asimismo, de la mayor cantidad de diputados viene acarreada la variedad de pensamientos, instrucción y si se quiere de niveles de moral, existente en cada uno de los miembros del cuerpo representativo. Esto es una dificultad más que debe afrontar quien quiera influenciar en interés propio a los representantes del pueblo, ya que se reducen circunstancialmente las probabilidades de encontrar personas susceptibles de ser influidas, sin dejar de lado la cautela y sutileza necesaria para estos actos reprochables.

Pero no sirve de nada un sistema o esquema si no puede adaptarse a distintos momentos o tener cierta dinámica. Entonces, en el hipotético caso o mejor dicho en el mas dulce de mis sueños, en que estas medidas fueran adoptadas, deberán contener distintas disposiciones o herramientas que permitan su durabilidad. También es cierto que si bien no dudo de las aspiraciones de servir al pueblo de nuestros representantes también tengo claro que si existe algo que corrompe al ser humano es el poder o sus ambiciones particulares.

Es preciso generar pues, un sistema si se quiere semirrígido (no rígido para que sea fácilmente adaptable y no flexible para que sea alterado por intereses particulares), cual es, la mismísima intromisión directa del pueblo en las decisiones sobre las remuneraciones de sus representantes (Consultas Populares, y demás institutos de la democracia semi-directa).

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